Rogelio Lara |
A medida que se acerca la disputa por el Distrito I Federal, los nombres que comienzan a perfilarse dejan más dudas que certezas. No por falta de trayectoria, sino por los antecedentes que arrastran y las formas en que han construido su camino político.
El caso de Jaciel González Herrera es difícil de ignorar. Llegó al Congreso bajo las siglas del Partido Verde Ecologista de México, pero una vez asegurada la curul decidió romper con ese mismo partido para asumirse como independiente. Más que una evolución política, su decisión ha sido vista como oportunismo puro: usar una plataforma para llegar y después desconocerla. Un movimiento que inevitablemente golpea la confianza ciudadana y deja una pregunta incómoda: ¿a quién representa realmente?
En el mismo tono, Salvador Santos Cedillo comienza a posicionarse rumbo al distrito. Pero su aspiración no llega en terreno firme. Su gestión municipal ha estado rodeada de cuestionamientos y opiniones encontradas, lo que complica cualquier intento de proyectarse como una opción sólida a nivel federal. Porque una cosa es gobernar con reflectores locales y otra muy distinta es cargar con el escrutinio de todo un distrito.
En contraste, Miguel Ángel Caballero Yonca se mantiene activo dentro de Morena. Su cercanía con la estructura partidista y su experiencia como ex alcalde lo colocan como un perfil vigente, aunque el desafío será demostrar que su posicionamiento responde a resultados tangibles y no únicamente a dinámicas internas de poder.
Por su parte, Javier Rivera Bonilla también aparece en la conversación. Desde su actual responsabilidad, su proyección política luce como un paso natural, pero su eventual candidatura tendrá que sostenerse en la evaluación ciudadana de su gestión.

En el Distrito I Federal, la pregunta ya no es quién quiere llegar, sino quién realmente tiene la autoridad moral y política para hacerlo.




