El discurso de la llamada austeridad republicana vuelve a chocar con la realidad. Esta vez, el señalamiento recae en el entorno del senador Gerardo Fernández Noroña, luego de que se exhibiera el rápido ascenso de su hijo, Kin Yael Villafaña Morán, dentro de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), acompañado de un incremento salarial que ha encendido críticas por presunto nepotismo.

De acuerdo con información basada en su declaración patrimonial, el caso muestra un crecimiento poco común en el servicio público. En noviembre de 2023, Villafaña Morán, de 32 años, ingeniero mecánico electricista con maestría en Tecnologías de la Información por la UdeG, ingresó como Supervisor Regional con un sueldo bruto de 18,635.96 pesos mensuales (alrededor de 14,300 netos), bajo el esquema de personal de confianza.

Menos de un año después, el 12 de agosto de 2024, fue nombrado Jefe de Disciplina en la Subdirección de Negocios No Regulados, cargo que fue autorizado por Manuel Bartlett cuando aún encabezaba la empresa productiva del Estado. El nuevo puesto implicó un salto salarial significativo: actualmente percibe alrededor de 115 mil pesos mensuales brutos, lo que equivale a 1 millón 390 mil pesos anuales. Sumando otros ingresos declarados:
20 mil por servicios profesionales y 50 mil por enajenación de bienes, su percepción total asciende a 1 millón 460 mil pesos al año.

Entre los principales señalamientos destaca que el ascenso ocurrió en menos de un año, sin que públicamente se conozcan méritos técnicos específicos en el sector energético que justifiquen el nombramiento. A ello se suma el vínculo político: Manuel Bartlett, quien firmó su designación, ha sido defendido de manera reiterada por Noroña, quien lo ha calificado como “compañero de lucha” y “patriota”.

La polémica se agudiza por la naturaleza del cargo. Como Jefe de Disciplina, Villafaña Morán tiene bajo su responsabilidad la supervisión de la ética laboral y el cumplimiento normativo dentro de la CFE, una función que contrasta con las críticas que apuntan precisamente a falta de transparencia y posibles privilegios en su designación.

El caso también revive otra contradicción pública. El propio Noroña ha señalado en el pasado prácticas similares en otros gobiernos, posicionándose como crítico del nepotismo. Sin embargo, este episodio coloca su discurso bajo escrutinio, al evidenciar que esas prácticas no han desaparecido, sino que persisten en distintas esferas del poder.

La información fue dada a conocer por el periodista Jorge García Orozco, quien documentó los ingresos a partir de la declaración patrimonial presentada el 5 de mayo de 2025. Hasta el 28 de agosto de ese mismo año, fecha en que se difundió el caso, ni el senador ni la Comisión Federal de Electricidad habían emitido una postura oficial.

A esto se suma un elemento que ha llamado la atención en la opinión pública: aunque el senador ha señalado que retiró su apellido a sus hijos para evitarles “el estigma o la carga política”, él mismo ha compartido imágenes en redes sociales junto a Kin Yael Villafaña Morán, refiriéndose a ellos como “mis pollos”.

Más allá del caso particular, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega la congruencia en el ejercicio del poder cuando los discursos de cambio conviven con prácticas que históricamente han sido criticadas?