Rogelio Lara |
•En política, levantar la mano no cuesta nada. Lo que cuesta es sostenerla.
Carlos Augusto Pérez ha dicho que quiere ser candidato al gobierno del estado. Lo declara después de haberse sumado en su momento al proyecto de Josefina Rodríguez, quien terminó fuera de la contienda en un episodio que evidenció que las decisiones importantes no siempre se toman en Tlaxcala… ni frente a la militancia.
Tras aquel movimiento, el tablero cambió. Y hoy, sin el paraguas de un proyecto mayor que lo cobije, Carlos Augusto reaparece con aspiración propia “dice”. La pregunta obligada: ¿es una candidatura real o una posición estratégica para negociar?
En el ajedrez político, muchas veces levantar la mano no es para ganar la partida, sino para estar sentado cuando se repartan los acuerdos.
El exdirigente estatal de Morena, de origen priista, ha llamado “congruencia” a su salida de Fomtlax, un cargo que, hay que decirlo, pasó sin mayor brillo ni resultados que marcaran agenda pública. Dejar un puesto discreto para buscar reflectores no necesariamente es congruencia; puede ser cálculo.
Porque si algo dejó su paso por la dirigencia fue una estela de fracturas internas. No solo procesos cuestionados, sino acusaciones directas desde la base morenista en la designación de candidaturas. Militantes señalaron que las decisiones se concentraron en un pequeño círculo y que hubo “venta de candidaturas”, versión que corrió con fuerza en distintos municipios. Nada probado en tribunales, pero sí políticamente devastador.
Esa narrativa dejó a más de uno dolido con el oriundo de Tepetitla. Y en política, los agravios internos no se olvidan: se cobran.
En una contienda como la de 2027, donde Morena no tendrá el arrastre automático del lopezobradorismo en su punto más alto, el perfil del candidato será determinante.
Hoy por hoy, Carlos Augusto no se percibe como un liderazgo competitivo en el ánimo ciudadano. No genera narrativa, no despierta estructura sólida visible y no arrastra identidad propia más allá de los cargos que ha ocupado. En términos políticos, sería un caballo flaco para una carrera que exige músculo, discurso y conexión real.
Aspirar no es delito. Pero confundir aspiración con viabilidad puede ser un error estratégico.
Morena en Tlaxcala enfrenta un proceso de reacomodo interno donde cada movimiento tiene lectura. Y cuando alguien levanta la mano sin estructura clara detrás, el mensaje suele interpretarse como antesala de negociación.
En política, no todos los que dicen querer competir quieren ganar. Algunos solo buscan no quedarse fuera del reparto.
Rumbo al 27, el electorado no premiará simulaciones. Pedirá perfiles sólidos, con trayectoria limpia y capacidad real de cohesionar. El resto quedará como anécdota de precampaña anticipada.

Y en esa lógica, la pregunta no es si Carlos Augusto quiere.
La pregunta es si realmente puede.




